Ella perdió de repente todo lo que más amaba en su corta vida. Se vio sola en la inmensidad de la nada y únicamente se le ocurrió llorar, surgían lágrimas de sus ojos como un torrente, la mayoría eran amargas, de impotencia, pero alguna lágrima tenía un sabor especial. Esto la hizo pensar y mirar a otro lado y pronto las lágrimas fueron siendo menos. Aquellas que sabían diferente, cuando caían al suelo se convertían en una flor amarilla que destacaba entre las otras.
Tomada en la Dehesa de Abajo. Puebla del Rio. Sevilla
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Bellísima fotografía y extraordinario relato!!
ResponderEliminarComparto tu excelente entrada en FB!
Toda mi admiracón hacia tu arte!!
Cariños!
Lau.